El recipiente debía de estar acorde con nuestra filosofía de trabajo. Por eso decidí que quería utilizar un material a la altura del producto. Así, me aventuré a diseñar y desarrollar un bote de madera.
El primer bote nunca llegó a ver la luz debido a los problemas que la madera conlleva. Según el clima esta se contrae o se dilata.
El segundo diseño, se mejoró con una junta tórica que solucionaba en su mayoría las deficiencias del anterior. Tras un año y medio utilizándolo, por fin consigo un cierre a rosca para su última presentación. De esta manera se facilita la apertura y cierre independientemente de las condiciones externas.